El segunda base Brian Roberts de los Orioles de Baltimore fue incluido en el informe Mitchell con una evidencia muy débil: su ex compañero Larry Bigbie le dijo a los investigadores que Roberts reconoció haberse inyectado esteroides "una o dos veces".

No hay paquetes anónimos enviados a Camden Yards. Ningún cheque cobrado recuperado de los archivos de algún oscuro contrabandista en el vestuario. Ningún examen antidopaje positivo, ningún entrenador que diga que él aplicó la inyección, ni evidencia física de ningún tipo.

Ningún fiscal llevaría ante la corte un caso con pruebas tan endebles. Ningún jurado emitiría una declaración de culpabilidad. Sin embargo, no se requirió un juicio: Roberts reconoció esta semana que usó esteroides una vez.

George Mitchell, ex líder de la mayoría republicana en el Senado, no esperó hasta escuchar esa confesión. La declaración de Bigbie fue suficiente para poner el nombre de Roberts en el informe que dejó al descubierto la cultura de las drogas en la Era de los Esteroides del béisbol.

"No creo que uno pudiera declarar culpable a alguien en base a la evidencia que él (Mitchell) tiene", dijo Howard Wasserman, profesor de evidencia en la Facultad de Derecho de la Universidad Internacional de la Florida, quien también escribe sobre derecho deportivo.

"Había un par (de pruebas) realmente débiles, en las que sólo era la palabra (de una persona) y nada más. Pero muchas de ellas tienen una evidencia circunstancial bastante buena", agregó.

Mientras el comisionado Bud Selig digiere el informe de 409 páginas sobre las sustancias para mejorar el desempeño en el béisbol, sus opciones para aplicar castigos están limitadas por la calidad de la evidencia que Mitchell obtuvo y por la fecha en que ocurrió la presunta conducta indebida.

El mismo Mitchell dijo que no buscaba la aplicación de castigos.

"Este no es un procedimiento legal. Eso les toca decidirlo a otros. Dejemos eso bien claro. Esta es una investigación privada, sin ningún poder para obligar a cooperar o a participar. No es un procedimiento judicial. No es un juicio", dijo Mitchell a The Associated Press el viernes pasado, un día después de que dio a conocer el informe.

En muchos casos, se llamó tramposos a algunos jugadores con pruebas que probablemente serían insuficientes para convencer a un jurado o a un juez para que los declaren culpables en una corte penal.

Otros consumieron las sustancias antes de que el béisbol implementara las pruebas antidopaje al contrato colectivo de trabajo en septiembre del 2002, lo cual dificulta la aplicación de un posible castigo.

Aunque Fehr y Selig se jactaron de la calidad del actual programa antidopaje del béisbol, el informe Mitchell describió un pasado disfuncional que le permitía a los peloteros inyectarse sustancias prohibidas impunemente.

Pocos han objetado la conclusión de Mitchell de que el béisbol estuvo lleno de esteroides durante gran parte de la década de 1990, pero algunas de sus afirmaciones sobre ciertos jugadores específicos caen por debajo de los estándares en las pruebas que los estadounidenses tradicionalmente le conceden a los acusados.