Con el lanzamiento del portal de internet en español de los Reales, losroyals.com, presentamos este trabajo sobre el coach de tercera de Kansas City, el dominicano Luis Silverio, quien lleva más de tres décadas con la organización. Esta es la primera de dos partes de la historia.

KANSAS CITY - Las calles del pueblo de Villa González en la República Dominicana en los años 60 y 70 eran como diamantes de béisbol para Luis Silverio. Allí fue que el muchacho daba sus swings, corría y tiraba.

Eso fue hace mucho tiempo. Son recuerdos bonitos, pero también de tiempos difíciles. Dichos recuerdos le provocan una sonrisa a Silverio, una de las figuras más respetadas y de más tiempo en los Reales de Kansas City.

"Me crié en un pequeño pueblo cerca de Santiago, en la República Dominicana. Un pueblo de cultivación de tabaco, y a eso se dedicaba mi papá", dijo Silverio. "Vengo de una familia bien grande-somos 15 en total, siete muchachas y ocho muchachos. Vivíamos todos en una casa chiquita de tres habitaciones. No era fácil, pero lo divertido era criarse en ese ambiente."

Ha sido un largo camino para Silverio, ahora con 51 años de edad y un coach de Grandes Ligas en su año 34 con la organización de los Reales.

Es una buena vida para Silverio. Como coach de tercera de los Reales, viaja por todo Estados Unidos en aviones charter, se queda en hoteles de suma calidad, le da orientaciones a jugadores millonarios y es presentado por en anunciador oficial todas las noches en estadios de Grandes Ligas.

Sin embargo, Silverio refleja sus inicios humildes. Sin hacer mucho ruido hace su trabajo con el club. Es ejemplo de perseverancia y dedicación. Y aunque actualmente vive en Kansas City, en términos relativos nunca se encuentra lejos de Villa González.

Su padre, Luis, de 84 años de edad, vive en Santiago. Hace poco falleció su madre, Consuelo.

"Acaba de fallecer hace año y medio y me hace mucha falta. Mis padres eran gente trabajadora y ella siempre se aseguraba de que todo marchara bien en la casa, porque mi padre estaba poco en casa-salía a las 6 de la mañana y a veces volvía ya de noche", dijo Silverio. "A veces ha nos habíamos acostado cuando llegaba. Eran tiempos difíciles pero algo que jamás olvidaré."

El padre de Silverio rentaba tierra por sus cultivos y tenía que dividir las ganancias con el dueño de los terrenos. Había 15 niños para mantener.

"Al final del año, teníamos como US$200. En ese entonces, el peso dominicano y el dólar estaban a la par. No era mucho, pero suficiente para comprarle a cada hijo un pantalón, un pantalón corto y un par de zapatos. Era una vez al año", recordó Silverio.

En su humilde hogar de tres habitaciones, los padres dormían en un cuarto, las niñas en uno y los niños en el otro.

"Sufrimos. A veces no teníamos tres comidas al día. A veces dos, a veces uno y a veces tres. Pero mis padres siempre nos dejaban practicar los deportes", dijo Silverio.

"Nos apoyaban y todos los domingos jugábamos pelota todo el día."

Los muchachos del pueblo se ingeniaban sus propios útiles. Cortaban un árbol (una mata) para hacer un bate. Los guantes se hacían de cartón. Las bolas eran hechas de desperdicios de papel o tela.

"Después de la cosecha de tabaco, podíamos usar ese terreno y así construimos nuestros propios campos de béisbol para poder aprender a jugar", expresó Silverio. "Mis hermanos me llevaban a sus juegos, así que el béisbol ya lo llevábamos en la sangre."

De noche había transmisiones de béisbol.

"Seguíamos la pelota. En ese pequeño radio en casa, transmitían partidos de Grandes Ligas y esos juegos los oíamos en español. Lo hacían por teletipo y narraban así en español. Los narradores leían algo y te lo describían verbalmente. Escuchábamos los juegos, sobre todo los de los Gigantes con Juan Marichal y los hermanos Alou, y los de los Cardenales con Julián Javier. Eran los equipos que más conocíamos porque tenían los jugadores dominicanos."

Lo del teletipo ya lo sabían sus hermanos, pero en aquel entonces Luis, con siete u ocho años de edad, creía que estaban narrando las jugadas en tiempo real.

"Pensábamos que era de verdad", dijo Silverio. "Pensaba que estaban en el mismo estadio. En ese radio apenas se escuchaba el volumen, así que nos juntábamos muy cerca de la bocina."

Cerca de los 14 años de edad, Silverio y los otros muchachos se integraron a ligas organizadas con útiles de verdad, incluyendo bates y bolas. Y claro, había que tomar prestados los guantes muchas veces.

Luis Silverio era bastante buen pelotero a los 15 años de edad, cuando empezó a jugar con equipos aficionados de jugadores de mayor edad en Santiago. Notaron su talento algunos escuchas. Ya para el verano de 1973, recibió Silverio ofertas de los Expos y los Filis. Su padre y su hermano mayor, fungiendo como consultores, las rechazaron. Luego en el invierno del 73-74, llegaron los Reales y los Silverio dijeron que sí. Luis recibió un bono.

"US$4,000 para ayudar a mi padre a pagar unas deudas de hacía mucho tiempo", dijo Silverio. "Para ese tiempo, principio de los años 70, era bastante bueno. Si recibías siete, ocho o 10 mil, era muy bien. Pero lo que recibí era pasable en ese tiempo."

El joven Silverio corría mucho. También bateaba. Sabía cubrir bien el jardín central. Era un talento crudo, pero el potencial estaba ahí.

Los Reales enviaron su prospecto de 17 años de edad a Sarasota, Florida, donde operaba la Academia de los Reales-algo verdaderamente revolucionario para ese entonces. Fue el primer viaje a Estados Unidos para Silverio. Era febrero de 1974.

"Fue un 'shock', viajar solo de Dominicana a Estados Unidos, sin saber el idioma. Fue difícil", dijo Silverio. "Pero cuando uno decide venir, hay que trabajar mucho y hacer lo debido para mejorar. Eso, y también saber que era una forma de ayudar a la familia."

Empezó su trabajo. Silverio se pasó dos años en liga de novato en Sarasota. Luego subió a Clase A en Waterloo, Iowa en 1976.

"Tuve una buena temporada allí y me colocaron en el roster de 40", dijo el dominicano.

Fue un paso importante. Cuando los Reales lo pusieron en el roster, significaba que Silverio era un prospecto de Grandes Ligas. Al año siguiente subió a Doble-A Jacksonville, Florida, y subió a Triple-A Omaha en 1978. Ese septiembre fue convocado para las mayores e hizo una gran impresión-bateó .545 (11-6) con dos dobles, un triple, dos bases por bolas, una base robada y siete anotadas.

Hasta uno de sus hits fue un sencillo ante el futuro Salón de la Fama Nolan Ryan.

En la primavera del año siguiente estuvo con el equipo grande en sus entrenamientos en Fort Myers, Florida. Sería el principio del final para Silverio como jugador.

A continuación: El destino le propina un golpe cruel, pero también una oportunidad