ANAHEIM - Francisco Rodríguez era joven, talentoso, y como el mismo venezolano lo recuerda, "destruido" a nivel mental. Con la necesidad de que alguien lo apoyara, encontró la solución en su manager en los Angelinos, Mike Scioscia.

Era el Juego 2 de la Serie Divisional del 2002 entre los Angelinos y los Yankees. El equipo de Anaheim había perdido el primero en el Bronx de manera dolorosa, ya que los Mulos habían anotado cuatro vueltas en el cierre del octavo episodio. Y ahora en el segundo juego, una ventaja de seis carreras había desaparecido con un swing del dominicano Alfonso Soriano.

El jonrón del segunda base de los Yankees de ese entonces frente a Rodríguez-de apenas 20 años de edad-había tenía a los Mulos a nueve outs de tomar un control total de la serie, con el panameño Mariano Rivera listo para cerrarle la puerta a los Angelinos.

"Fue mi primera presentación en postemporada", recordó K-Rod. "Y permití jonrón de Soriano que le dio la ventaja a los Yankees. Era oportunidad de salvamento malograda, y tenía la confianza por el suelo. Estaba destruido después de ese inning cuando llegué al dogout.

"Me senté y de repente vino el manager y dijo, 'no te preocupes, sal al montículo en la próxima y saca un cero'. De repente, mi confianza estaba por todo lo alto. Es lo que me hacía falta."

Después de retirar a Jason Giambi, Bernie Williams y Robin Ventura en la séptima, Rodríguez vio a los Angelinos anotar tres carreras en el octavo con jonrones consecutivos de Garret Anderson y Troy Glaus, y luego un elevado de sacrificio de Adam Kennedy.

Cuando Troy Percival sacó los últimos cuatro outs, Rodríguez tenía su primera victoria en Grandes Ligas-y los Angelinos estaban camino a ganar su primera Serie Mundial.

"Una decisión puede cambiarlo todo", dijo Rodríguez. "Definitivamente. Mike nunca dudó de mí. Me dio la confianza y la oportunidad de salir a hacer el trabajo. Como jugador, no se puede pedir más."

Seis años después, a las puertas de romper la marca de 57 salvamentos en una temporada de Bobby Thippen, K-Rod recuerda aquel momento en la cueva con Scioscia como más que algo que ayudó a construir su carrera. Cree que salvó su carrera.

"Nunca se sabe qué hubiera ocurrido si me hubiera dejado en la banca, si me hubiera perdido la confianza", dijo Rodríguez. "Pero confió en mí, creyó en mí. Eso significó todo para mí."

Se convirtió en "K-Rod", el "Kid", la máquina de ponches con la gran recta y la curva mortal, durante aquella postemporada. Con apenas 5.2 entradas lanzadas antes de los playoffs de ese año, Rodríguez fue ganador de cinco de los 11 triunfos de los Angelinos en octubre del 2002.

En 18.2 entradas y 11 presentaciones, permitió apenas cuatro vueltas y dio cinco bases por bolas, mientras ponchaba a 28.

Había nacido una estrella.

Tres años después, a los 23 años de edad, Rodríguez fue designado el cerrador estelar de los Angelinos, con la salida del equipo de Percival. K-Rod ha salvado más partidos (187) que cualquiera en Grandes Ligas desde el inicio de aquella temporada del 2005.

La paciencia de Scioscia es vista como uno de sus mayores atributos como dirigente. Y como sugiere Rodríguez, valora el talento y le da todas las oportunidades posibles sin sobre-reaccionar ante los juegos malos o las malas rachas.

Scioscia se va muchas veces con sus instintos. Identifica el talento, lo trata de desarrollar y luego dejar que salga en el terreno.

El capataz también recuerda aquella noche en el Bronx.

K-Rod -- Saved by an Angel

"Cuando permitió el jonrón de Soriano", dijo Scioscia. "Frankie era un muchacho que había demostrado no sólo que tenía el material, sino también la mentalidad para lanzar en juegos importantes durante ese último mes de la temporada (cuando ponchó a 13 en 5.2 innings en blanco).

Llegando a los playoffs, no sabíamos exactamente cuál iba a ser su rol. Pero con la evolución de los playoffs, estaba ya en el bullpen, y avanzó rápidamente."

El mensaje principal que en ese entonces le dieron Scioscia y el coach de pitcheo, Bud Black (actual manager de los Padres) a Rodríguez era que no cambiara nada en su naturaleza como pelotero.

"Con Francisco, sabíamos que su material iba a darle éxitos. Queríamos que se mantuviera agresivo y que atacara a los bateadores."

Así mismo lo recuerda Rodríguez.

"Me estaba yendo bien, así que me dejaron tranquilo mayormente", dijo el venezolano. "Cada salida me hablaban, a ver qué estaba haciendo mal. Pero Black me dejó a lo mío. Me dieron la confianza necesaria para salir y hacer lo mío."

Y cuando llegó el momento de reemplazar a Percival, el manager no vaciló en su decisión de irse con Rodríguez.

"Nunca dudó de mí", repitió Rodríguez. "Eso significa mucho. No sé qué hubiera pasado si Mike no hubiese confiado en mí."