ANAHEIM, California -- Los peloteros y coaches, cada cual con la franela de su club, se concentraron cabizbajos, para guardar un minuto de silencio en memoria de George Steinbrenner.

Fue un momento de unidad y quizás también de reconciliación con un hombre que chocó frecuentemente con los comisionados de las Grandes Ligas y con los dueños de otros equipos, y que despidió, contrató de nuevo y volvió a echar a numerosos jugadores y pilotos.

Incluso, el dueño de los Yanquis eclipsó el Juego de Estrellas realizado el martes, al fallecer este mismo día de un infarto cardiaco. Tenía 80 años.

"George fue un gigante de este deporte, y su devoción por el béisbol sólo fue superada por la devoción por su familia y por sus Yanquis de Nueva York", dijo el comisionado de las mayores, Bud Selig. "Fue y siempre será un símbolo tan importante de los Yanquis como Babe Ruth, Lou Gehrig, Joe DiMaggio, Mickey Mantle, Yogi Berra, Whitey Ford y las otras leyendas".

Antes del Juego de Estrellas, mientras se guardaba el minuto de silencio, la pantalla del Angel Stadium mostró una serie de imágenes como un homenaje a Steinbrenner.

El paracorto Derek Jeter y otros integrantes de los Yanquis llevaban una banda negra en el brazo, en señal de luto. Las banderas de Estados Unidos, Canadá y California fueron izadas a media asta.

Los Yanquis llevarán un parche negro en la franela, durante el resto de la campaña, para recordar a Steinbrenner, así como a Bob Sheppard, quien fue durante años el locutor de su estadio. El parche de Steinbrenner llevará sus iniciales y la leyenda "El jefe". El de Sheppard incluirá un micrófono.

También en el Palacio del Ayuntamiento de la ciudad de Nueva York se izaron las banderas a media asta. Además, una marquesina frente al nuevo Yankee Stadium de 1.500 millones de dólares (la casa que George construyó), rindió homenaje al dueño del club, al colocar el letrero: "George M. Steinbrenner III, 1930-2010".

El carácter protagónico de Steinbrenner lo volvió tan famoso como muchos de sus jugadores. Solía aparecer en los tabloides de Nueva York y fue incluso parodiado por el programa "Seinfeld", una de las comedias más populares en la televisión durante la década de 1990.

Y Steinbrenner se rió de esa caricatura televisiva, cuya voz era del productor ejecutivo del programa, Larry David.

"¿Quién más podría ser un personaje memorable de un programa de televisión sin siquiera aparecer en éste? Uno sentía la presencia de George, aunque no estuviera ahí", dijo Jerry Seinfeld, estrella y coguionista del programa. "Así de fuerte era su personalidad".

Sus jugadores sintieron esa fuerza en muchas formas.

Quienes vestían la franela de los Yanquis recibían salarios envidiables pero sabían que las expectativas que ello implicaba eran mayores que en cualquier otro equipo.

"El esperaba la perfección... ya fuera con los jugadores, la gerencia, la gente que trabajaba en el parque. No había diferencia", dijo Jeter.

Yogi Berra, una leyenda de los Yanquis, prometió no volverle a hablar a Steinbrenner después de que lo despidió del puesto de manager, tras apenas 16 juegos de la campaña de 1995.

Catorce años después, Steinbrenner se disculpó con Berra y los dos se volvieron amigos cercanos. Así era "El jefe", del que sólo se podía ser amigo o enemigo, nada intermedio.

"El me dijo: 'Aquel fue el peor error de mi vida", recordó Berra en su museo en Nueva Jersey.

La muerte de Steinbrenner fue motivo de comentarios de diversas personalidades, desde antiguas leyendas de los Yanquis hasta el ex presidente estadounidense Bill Clinton, el alcalde actual de Nueva York, Michael Bloomberg, y su antecesor Rudy Giuliani.

Paul O'Neill, nacido en Ohio igual que Steinbrenner, fue uno de los jugadores favoritos del dueño durante la racha de títulos entre finales de la década de 1990 y comienzos del nuevo siglo. A Steinbrenner le gustaba la intensidad que O'Neill mostraba en el terreno.

"Creo que nuestras carreras y nuestras vidas cambiaron por el hecho de que él fuera el propietario", dijo O'Neill, quien es ahora comentarista de la cadena YES creada por Steinbrenner. "El sentía la urgencia de ganar todos los días, y tenía esa expectativa. Uno puede decir que quiere ganar siempre, pero es muy distinto cuando uno lo siente en verdad".