(Elsa/Getty Images)

ARLINGTON, Texas -- Josh Hamilton luchó contra las lágrimas, sólo en caso de que tuviera que atrapar la pelota para el último out del partido.

Cuando Alex Rodríguez abanicó y ya no tenía que aguantarse, su odisea de 11 años --de ser la primera selección del draft a drogadicto a ser una superestrella libre de drogas-- finalmente llegó al momento con el que sueñan todos: ir a la Serie Mundial.


Mejor aún, él es la principal razón por la que los Rangers de Texas son campeones de la Liga Americana por primera vez en sus 38 años en Arlington y sus 50 años en las mayores. Texas derrotó el viernes 6-1 a los Yankees de Nueva York, y Hamilton fue nombrado al jugador más valioso de la serie de campeonato de la Americana.

"Durante todo el juego se me aguaron los ojos, ¿sería esta la noche? Y pensaba en donde estuve, y en todo lo que he pasado, y en cómo Dios tuvo fe y me sacó de eso", dijo Hamilton.

Un jugador de equipo y devoto cristiano, Hamilton estaba más interesado en compartir el éxito que en vanagloriarse.

"Estoy tan emocionado por este equipo, por esta ciudad", expresó. "Ser parte de algo así es lo más importante. Es algo que nadie te puede quitar".

Hamilton bateó .350 con cuatro jonrones en la serie, pero eso ni siquiera se acerca a describir su dominio.

Bateó un jonrón de tres carreras en su primer turno en el primer partido, en el estadio de los Rangeres. Cuando la serie se mudó al Yankee Stadium, conectó un bambinazo de dos carreras en su primer turno allí.

Se embasó en 15 de sus 28 apariciones al plato, con siete hits y ocho boletos. Los Yankees le tuvieron tanto miedo que cinco de esos boletos fueron intencionales, un nuevo récord para la serie de campeonato de la Americana.

"Probablemente es el jugador más valioso de la liga", comentó el abridor de Nueva York, Phil Hughes. "No puede dejar que un tipo así te gane. Así que lo embasas".

Al final del partido, Hamilton levantó con fuerza sus puños en el jardín central y corrió para incorporarse a la celebración cerca de la lomita.

"Seré honesto, en la novena A-Rod estaba al bate y yo nervioso, allá atrás en caso de que bateara la pelota hacia mí", expresó. "Me siento muy emocionado, muy bendito".

El toletero --quien se recupera de alcoholismo y drogadicción-- no puede participara en el tradicional baño con champaña, por lo que sus compañeros lo empaparon con refresco de jengibre.

"Adoro a mis compañeros. Los amo demasiado. Cualquiera de estos muchachos pudo haber conseguido esto", dijo Hamilton. "No quiero hablar de mí. Quiero hablar de ellos. Aquí somos como un grupo. Este grupo está aquí porque no sabe fallar".