(Jed Jacobsohn/Getty)

SAN FRANCISCO -- Cuando el manager Bruce Bochy se refiere a jugadores anónimos que han sido la esencia para la inesperada marcha que tiene a los Gigantes de Francisco instalados en la Serie Mundial, Andrés Torres debe figurar al tope de la lista.

La trayectoria del guardabosques puertorriqueño es un modelo de la perseverancia del típico jugador que se tardó demasiado, a sus 32 años, en establecerse en las Grandes Ligas. Su baja estatura de 1,55 metros (5,10 pies) fue siempre el principal handicap en su contra.


No fue hasta esta temporada -- su segunda con los Gigantes-- que Torres logró consolidarse como un titular al quitarle el puesto de jardinero central a Aaron Rowand, dueño del segundo salario más alto en la nómina del club, el pasado junio.

Como primero al bate en el orden ofensivo, el ambidiestro cerró la campaña con promedio de .268, 16 jonrones y 63 impulsadas, además de 26 bases robadas.

Pasó 12 años en las menores y ocho en la Triple A, hasta que finalmente recibió una oportunidad que no desaprovechó.

"Siempre estaba subiendo y bajando con diferentes equipos (seis en total)", dijo Torres el martes en la antesala de la Serie Mundial. "Desde 2005 no subía hasta que conseguí un lugar el año pasado".

"Vine para ser un suplente y nadie pensaba que iba a jugar todos los días. La mejor explicación es (que) yo amo el juego, tengo mucha pasión por el juego. Fueron años y años sacrificándome y todo ese trabajo se pagó".

Un último obstáculo se dio en el último mes de la temporada cuando el 12 de septiembre se tuvo que someter a una cirugía de emergencia por una apendicitis.

Su temor era que no iba a poder volver con el equipo para la recta final, pero apenas se perdió 11 juegos al acelerar su recuperación a fuerza de pura determinación.

"Me han pasado tantas cosas, pero nunca me rendí", afirmó Torres.

Más allá de su desempeño, Torres trajo a los Gigantes su personalidad alegre y positiva, lo que le valió recibir un premio que lleva el nombre del legendario Willie McCovey y se le concede al mejor compañero.

"Su año ha sido tremendo, pero ha sido una inspiración por toda la energía que trae todos los días", dijo Bochy. "Nunca tiene un día malo y todos les admiran por eso".

Y como prueba de la armonía en el seno de los Gigantes, Torres y Rowand se apoyan mutuamente.

"Respeto a mis compañeros, con él nunca he tenido problemas, porque siempre me ha ayudado y siempre nos hemos tratado con mucho respeto", dijo Torres.