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ARLINGTON - El título de Serie Mundial conquistado por los Gigantes de San Francisco es la coronación de todo un equipo. Pero para Andrés Torres, además de eso es un premio por el tanto trabajo que hizo para llegar a ser un pelotero relevante en las Grandes Ligas.


Después de cuatro años sin éxitos en las mayores con Detroit y Texas del 2002 al 2005, el boricua se pasó tres temporadas completas en liga menor con cuatro organizaciones diferentes para "aprender a batear", como lo dice el propio jardinero.

En el 2009 volvió a la Gran Carpa, con los Gigantes. En el 2010 se estableció como pieza importante del equipo como primer bate y jardinero central, y el lunes se bañó de champán como un campeón bien merecido.

"Esto es una bendición", dijo Torres en medio de las celebraciones en el clubhouse de los Gigantes. "Trabajamos todo el tiempo, nunca nos quitamos. Tuvimos altas y bajas, como siempre, pero estamos bien contentos."

A sus 32 años, Torres se convirtió en un jugador de todos los días con los Gigantes de Bruce Bochy, combinando el poder (16 jonrones) con la velocidad (26 bases robadas) en la ofensiva. Y a la defensa, se ha hecho un jardinero sólido, capaz de jugar en cada uno de los tres bosques. De hecho, estuvo en el jardín derecho para el decisivo Juego 5 que le dio la corona a San Francisco sobre Texas.

"En este equipo nadie se cree una estrella", expresó. "Siempre jugamos duro, nos estamos apoyando todo el tiempo. Nos tratamos como una familia."

En la Serie Mundial, Torres bateó de 22-7 (.318), con cuatro dobles, cuatro anotadas, un jonrón y tres empujadas. Y después de sufrir un letargo al principio de los playoffs, bateó de hit en cada uno de sus últimos ocho partidos de la postemporada.

Definitivamente, Andrés Torres ha llegado lejos, con un espacio ganado a base de puro sudor.

"He pasado mucho", dijo el puertorriqueño. "Le doy gracias a Dios por ponerme aquí. A pesar de que me he caído, siempre me he levantado."