(MLB.com)

NUEVA YORK -- La pasión de Roberto Alomar por el béisbol no debe asombrar a nadie.

"En nuestra casa se hablaba y se veía béisbol, muchas veces hasta las 3 o 4 de la mañana", contó Santos Alomar, el padre de Roberto y Sandy, sus dos hijos que brillaron en las Grandes Ligas.

Santos padre fue testigo de primera fila el jueves de la presentación oficial de Roberto como nuevo miembro del Salón de la Fama.

"Roberto y Sandy también observaban el juego y lo siguen observando. Hay una diferencia cuando uno uno observa que cuando uno mira", respondió el padre de los hermanos Alomar cuando le preguntaron el secreto del talento de sus hijos.

Y Santos padre enfatizó en la inteligencia de Roberto, una virtud que le permitió convertirse en el mejor segunda base de su época y un fino bateador: "Siempre fue un estudioso del juego y eso es lo que le hizo especial", indicó.

Alomar y Bert Blyleven, los miembros 234 y 235 en el templo de los inmortales en Cooperstown, se pusieron de pie en un estrado del afamado Hotel Waldorf Astoria y se pusieron las camisetas color crema con el logo del Salón de la Fama.

Cada uno contó anécdotas sobre sus ilustres carreras, además de describir el torbellino de emociones que fue la cuenta regresiva del día previo al recibir la noticia de que habían sido electos.

Alomar habló sobre su primer hit en las mayores (ante Nolan Ryan), sus dos campeonatos de Serie Mundial (con Toronto en 1992-93) y hasta sus primeros pasos en las menores.

"No hablaba inglés y sólo iba a Wendy's (la cadena de hamburguesas). Lo único que podía decir era 1-2-3", dijo Alomar, quien posó con banderitas de Puerto Rico y su pueblo natal Salinas.

Su elección se dio en su segundo año de elegibilidad con el 90% de la votación, un porcentaje que supera el que mitos como Mickey Mantle, Jackie Robinbson y Sandy Koufax recibieron en su momento.

A juicio de muchos, Alomar debió haber ingresado el año pasado. Pero se hizo evidante que un sector de los votantes se resistió por el tristemente célebre incidente de 1996 en el que escupió al umpire John Hirschbeck.

Blyleven, un lanzador derecho que nació en Holanda, bromeó en todo momento y hasta hizo levantar de sus asientos los periodistas en la rueda de prensa para que simulasen que estaban animando desde las tribunas de un estadio.

"Él sólo tuvo que esperar dos años ... ¡Yo tuve que hacerlo 14!", señaló Blyleven, el quinto en la lista histórica de ponches y ganador de 287 partidos.

Ambos recordaron el año 1977, cuando el padre de Roberto jugaba con los Rangers de Texas junto a Blyleven. Roberto y Sandy solían ir al estadio de Arlington para jugar en la zona de estacionamientos con los hijos de los demás jugadores. Uno de ellos era Todd, el hijo de cuatro años de Blyleven.

La ceremonia de exaltación será el 24 de julio en Cooperstown, la localidad al norte del estado de Nueva York.

Alomar ingresará con el gorro de Toronto. Blyleven lo hará con el de los Mellizos de Minnesota, equipo con el que salió campeón de la Serie Mundial de 1987 y del cual ahora trabaja como comentarista de sus partidos.

Ninguno ha empezado a redactar sus discursos, aunque Alomar adelantó que lo primera que expresará será su orgullo de entrar como el tercer jugador puertorriqueño junto al extinto Roberto Clemente y Orlando Cepeda.

"Nuestra isla está bendecida. Este triunfo no es solamente mío y de mi familia, sino de Puerto Rico", dijo Alomar. "Yo siempre quise darle a Puerto Rico lo mejor de mí, siempre dije presente en la liga de Puerto rico, era uno de los pocos. Quería darle eso mi pueblo para que me viera cuando estaba (activo) en mi carrera".

También mencionó a su madre María Velázquez, responsable de llevarlo cuando empezó a jugar en las ligas infantiles: "Fue madre y padre a la vez, sin ella este sueño no hubiese sido posible", afirmó.