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NUEVA YORK -- Ser primero ya no tiene el mismo valor de antes en las Grandes Ligas. Hay nueva consigna: "Hay que colarse como sea".

La nueva temporada, que arranca el miércoles en Tokio con un par de juegos entre Seattle y Oakland, tendrá el cambio más radical en las mayores desde que el wild card hizo su presentación en 1995.

A partir de este año, el formato para la postemporada incluye dos comodines por liga, en lugar de uno, para dejar en 10 el número de participantes.

Avanzarán los tres ganadores de las divisiones en cada liga, acompañados por los dos equipos con mejor récord de cada liga.

Los wild cards se medirán en un playoff a un juego, cuyo ganador pasa a una fase en la que debutan los campeones de división, con series a cinco juegos, dos por liga.

También se ha eliminado el criterio de que equipos de una misma división no se pueden topar antes de la serie por el banderín de la liga.

Esto abre la posibilidad de que un club que termine tercero en su división pueda entrar a los playoffs con un boleto de wild card y, 12 victorias después, pueda celebrar la conquista de la Serie Mundial con un gran desfile en las avenidas de su ciudad.

"Es posible que alguno pueda ganar la división con 84 victorias y que otro equipo que consiguió 97 victorias y quedó detrás de uno que ganó 98, tenga que jugárselo todo en un partido", comentó el manager de los Tigres Jim Leyland, no del todo entusiasmado con el duelo a vida o muerte entre los comodines.

"Nunca tendremos algo perfecto. Pero estoy apoyando lo que quiere el comisionado, y ante todo lo que quieren los fanáticos. Esa es la mejor manera de hacer las cosas", añadió.

El ganador del pulso entre los comodines se expone a una importante desventaja en lo que sigue en los playoffs.

Muy seguramente ambos equipos deberán apelar a su mejor lanzador para ganar el duelo a vida o muerte, además de emplear su bullpen.

Las posibilidades de sortear la siguiente fase son desfavorables, pero nunca se sabe.

El año pasado, por ejemplo, San Luis le quitó el comodín de la Nacional a Atlanta en el último aliento de la campaña regular, y nadie pudo frenar a los Cardenales hasta que se alzaron con la Serie Mundial.

¿Qué no es posible que tres equipos de la misma división estén en los playoffs?

Si este formato hubiese estado en vigencia, los comodines de la Americana habrían salido del Este en tres de los últimos cuatro años con cruces Rays-Medias Rojas en 2012 y el gran clásico Yanquis-Medias Rojas en 2008 y 2010.

Un aspecto a tomar en cuenta es que tal vez habrá más incentivo para ganar la división y no tomarse a la ligera las últimas semanas, como ha ocurrido en años recientes, ya que nadie querrá exponerse al duelo de un solo partido.

"Esto es el lado positivo. Ganar la división se hará imperativo y eso es algo que yo siempre he tratado de enfatizar", comentó Mark Shapiro, el presidente de los Indios. "También se crea más efervescencia entre las fanáticos, ya que más equipos podrán aspirar a entrar en la postemporada".

Otras voces advierten que la expansión de los playoffs incidirá al momento de buscar refuerzos o desprenderse de jugadores antes de la fecha límite para hacer cambios, a fines de julio.

Lo que sí es cierto es que lograr la mejor marca durante la temporada regular en cada liga parece irrelevante.

Basta con considerar que los Bravos de Atlanta de 1995 son el último equipo con la mejor foja de la Nacional que se proclamó campeón de la Serie Mundial. Los mejores de la Americana han tenido más suerte, con los Yanquis (1998, 1999 y 2009), además de los Medias Blancas (2005) y los Medias Rojas (2007).

"La lucha por el banderín de la liga dejó de existir tras la ampliación de las divisiones", dijo el artillero dominicano de los Azulejos José Bautista. "Lo que hay que es la pelea por la división".

Estos cambios no deben ser del agrado de los amantes de la tradición, pero las Grandes Ligas se mantienen como el deporte profesional estadounidense con menos equipos en postemporada. Doce de 32 avanzan en la NFL, mientras que 16 de 30 lo hacen en la NBA y la NHL.

El manager de los Bravos Fredi González preferiría que todo siga igual, pero no se opone al nuevo experimento. Después de todo, reconoce que al principio no estuvo feliz con los comodines, pero que al final fue una buena idea.

"Resultó en ser algo positivo para el béisbol de Grandes Ligas al mantener el interés por equipos que seguían peleando en septiembre. Ya veremos cómo funciona esto", dijo González.

La última experiencia fue sencillamente espectacular, tal vez con el cierre de campaña regular más emocionante en tiempos recientes.

Mientras San Luis se aprovechó del histórico colapso de Atlanta, Tampa Bay hizo otro tanto con el desplome de los Medias Rojas en la Americana.

Como consecuencia de la debacle, Boston decidió hacer cambios radicales en sus puestos de mando.

Bobby Valentine reemplazó a Terry Francona como piloto, mientras que Theo Epstein cedió la gerencia a Ben Cherington. Epstein fue el arquitecto de los equipos de Boston que se consagraron campeones de la Serie Mundial en 2004 y 2007, poniendo fin a una sequía de 85 años. Los seguidores de los Cachorros ahora esperan que Epstein pueda hacer lo mismo en Wrigley Field, donde la última coronación se remonta a 1908.

Boston, que este año celebra el centenario del Fenway Park, no fue el único lugar que se abocó a cambios.

--Harto de quedar a las espaldas de los Rangers de Texas (campeones del Oeste y de la Americana en los últimos dos años), el dueño de los Angelinos Arte Moreno decidió abrir la chequera para sacar de San Luis a Albert Pujols. También logró llevarse a C.J. Wilson, el as de los Rangers.

--Texas replicó con una inversión de más 100 millones para traer a Yu Darvish, el mejor pitcher del béisbol japonés en el último lustro.

--Cuando Detroit sufrió la baja por lesión de Víctor Martínez, decidieron ir por Prince Fielder en una decisión que forzó que Miguel Cabrera, el último campeón de bateo de la Americana, pase de la inicial a la antesala.

--Cinco managers debutan. Aparte de Valentine, Ozzie Guillén dejó a los Medias Blancas para dirigir a los Marlins de Miami; Robin Ventura sustituye a Guillén en Chicago; Dale Sveum toma las riendas de los Cachorros tras el despido de Mike Quade; y Mike Matheny fue nombrado en San Luis luego que Tony La Russa anunció su retiro apenas 48 horas después de ganar la Serie Mundial.

--La llegada de Guillén fue el primer paso dentro de una serie de movimientos de los Marlins, que estrenan un estadio con techo corredizo en la Pequeña Habana, un logo psicodélico y hasta un pelotero que se cambió de nombre (Giancarlo Stanton). José Reyes, Mark Buehrle, Carlos Zambrano y Heath Bell se mudaron a Miami para afianzar a un club que ya contaba con Hanley Ramírez y Josh Johnson.

Este es un año en el que varios equipos cruzan dedos para la recuperación de lesiones de jugadores vitales, como es el caso de Johan Santana (Mets), Buster Posey (Gigantes) y Adam Wainwright (Cardenales).

San Luis no se desanimó cuando perdió a Pujols --el pelotero más productivo de la última década-- y espera compensar su producción al poner a Lance Berkman en la inicial y la presencia de Carlos Beltrán en el jardín derecho. Pero sus planes se complicaron con la noticia de que su as Chris Carpenter padece una dolencia en el cuello.

Con Roy Halladay, Cliff Lee y Cole Hamels al frente de la rotación, Filadelfia parte como favorito para un séptimo título de división en el Este, por más que Miami, Atlanta y Washington lucen más competitivos.

Este será el año del adiós para Chipper Jones de los Bravos y posiblemente el último para el cerrador de los Yanquis Mariano Rivera.

Mientras que Manny Ramírez, Andy Pettitte y Jamie Moyer, éste a punto de cumplir 50 años, reaparecen, otros se han retirado como ha sido el caso de Jorge Posada, Jason Varitek y Tim Wakefield.

Todavía una nutrida lista de jugadores que no han conseguido que un equipo muestre interés en su servicio, entre ellos Vladimir Guerrero, Magglio Ordóñez, Roy Oswalt y Johnny Damon.

Este año el Juego de Estrellas será en Kansas City con la novedad que la pausa será de cuatro días, no de tres. Y los Dodgers están a punto de concretar la venta de la franquicia.