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MIAMI -- Hay algo diferente acerca de Carlos Zambrano ahora que juega en Miami.

El venezolano ya no es aquel pitcher de "mecha corta" que acostumbraba desahogar su frustración en el dugout cuando las cosas no le salían bien en la loma en Chicago. Ya no encara a sus compañeros. Ha dejado de ser "El Toro".

La diferencia: Zambrano está en paz consigo mismo en Miami.

"Está feliz, se está divirtiendo y quiere demostrarle a la gente lo bueno que puede ser", dijo su compatriota y timonel de los Peces, Ozzie Guillén.

Guillén lo sabe mejor que nadie. El ex dirigente de los Medias Blancas y Zambrano han sido amigos por muchos años, y Guillén fue clave para traer a Zambrano a Miami en enero, cuando el equipo lo adquirió a cambio del derecho Chris Volstad.

En ese momento la maniobra era un volado para los Marlins, particularmente debido a la manera en como terminaron las cosas para Zambrano en Chicago después de haber jugado 10 años para los Cachorros.

Tras haber permitido cinco jonrones contra los Bravos el pasado 12 de agosto y posteriormente haber sido expulsado del partido por golpear intencionalmente a Chipper Jones, Zambrano limpió su casillero en el clubhouse de los Cachorros y amenazó con retirarse. El club suspendió por 30 días a Zambrano, quien luego se disculpó con sus compañeros y aficionados. Pero el daño era irreparable, y fue enviado a Miami el 5 de enero, con Guillén abogando para que los Marlins lo adquirieran.

Pero Guillén, quien llamó a Zambrano la mayor interrogante de los Marlins antes de arrancar la temporada, cree que la maniobra benefició a todas las partes -a los Cachorros, a los Marlins y, más importante, a Zambrano. El pitcher dijo que su llegada a Miami cayó como anillo al dedo para su familia, y su relación con Guillén ha sido clave para su transición.

"Cambiar de escenarios, creo que le ayudó bastante", destacó Guillén. "Lo ayudó en general. ... Creo que fue un buen cambio para todos, especialmente para él y su familia. Creo que sus compañeros lo quieren. Creo que él los respeta. Está jugando al béisbol de la manera en que debe hacerlo.

"Su mente está despejada. Se está divirtiendo y eso es lo importante. Tiene el apoyo de sus compañeros, su mánager, los coaches, y creo que eso es clave".

Zambrano ha sido, según la gente a su alrededor, un compañero modelo en el clubhouse de Miami este año. Mark Buehrle, quien jugó en Chicago -aunque con los Medias Blancas - a la par de Zambrano con los Cachorros, dijo que no conoció bien a Zambrano durante todos esos años, sólo habló con él de paso y escuchó acerca del venezolano en las noticias.

Pero el Zambrano que Buehrle ahora llama compañero no es el mismo que encaraba a sus compañeros mientras jugaba para los Cachorros.

"Ha sido excepcional", admitió Buehrle. "Ha sido un gran compañero".

En lo que va de esta campaña, Zambrano ha sido uno de los abridores más consistentes de los Marlins. Antes de tener una salida de apenas 2 1/3-innings que fue acortada por una lesión en contra de los Rays el pasado sábado, cuando Zambrano cedió siete carreras antes de abandonar el partido debido a rigidez en la espalda, el derecho tenía una efectividad de 2.81 en sus primeras 11 aperturas. El sólido inicio de temporada del veterano lanzador no es sorpresa para Guillén, quien predijo durante las Reuniones Invernales que Zambrano tendría un año ejemplar luego de registrar foja de 9-7 con la más alta efectividad en su carrera de 4.82 en 24 salidas la temporada pasada - el menor número de aperturas desde el 2002.

El cambio a Miami no sólo le cambió la perspectiva a Zambrano y su familia, sino también a los mismos Marlins.

En las últimas ocho salidas de Zambrano, los Marlins tienen marca de 6-2. Los Peces esperan mejorar ese récord cuando el venezolano suba a la loma este viernes en el primero de la serie en St. Petersburg, donde Zambrano buscará la revancha tras una mala salida contra los Rays.

Cuando Zambrano fue removido a regañadientes en la tercera entrada en contra de Tampa Bay el sábado, Guillén dijo que el derecho estaba molesto con justa razón. Zambrano quería permanecer en el juego y ayudar a su equipo, en lugar de abandonarlos en una situación difícil. Pero Guillén no quiso arriesgarse a perder a Zambrano por un largo período de tiempo.

Luego de entregarle la bola a Guillén y dejar la loma junto al preparador físico del equipo, Zambrano no descargó su frustración contra la hielera en el dugout, como lo hacía en sus años con los Cachorros. Tampoco comenzó a aventar cosas por todo el dugout. En cambio, el derecho admitió después que debió haberle notificado al mánager sobre su dolencia en la espalda - antes de dejar a su equipo hundido en una desventaja de siete carreras.

"Siempre he dicho que si tienes a un tigre en una jaula pequeña y dejas que ese tigre se salga de ella, buena suerte al tratar de meterlo de nuevo (a esa misma jaula)", expresó Guillén. "Ese tigre no va a salir de esa jaula mientras yo vista este uniforme. No lo voy a permitir. ¿Deseo que Carlos se moleste y aviente cosas en el dugout? Por supuesto que quiero que lo haga. Quiero ver al Carlos que tiene pasión por el juego, pero no quiero ver al Carlos que pelea y encara a sus propios compañeros".

Este Carlos - la encarnación del 2012 - todavía tiene esa pasión. La única diferencia es que ahora está feliz y enfoca su energía en el terreno de juego, no en las distracciones fuera de éste.