DETROIT -- Cuando Iván Rodríguez decidió firmar un pacto de cuatro años y US$40 millones con los Tigres antes de la temporada del 2004, venía de ganar una Serie Mundial con los Marlins e iba rumbo a un equipo de Detroit que acababa de perder 119 juegos, la segunda mayor cantidad en Grandes Ligas desde 1900.

El boricua Rodríguez, en medio de una de las mejores carreras en la historia para un receptor, fue el primer pelotero de renombre en unirse a los felinos como parte de la reconstrucción de los felinos que culminó en una participación en la Serie Mundial del 2006.

"Todo el mundo me preguntaba, '¿Por qué viniste a este club?'", contó Rodríguez, quien realizó el lanzamiento de honor antes del Juego 4 de la Serie de Campeonato de la Liga Americana el jueves entre los Tigres y los Yankees. "La razón por la que vine es que veía el talento. Cuando llegué trataron de reconstruir el equipo y traer caras nuevas, un equipo nuevo...e hicieron eso mismo."

Efectivamente, junto a Rodríguez llegó a la Ciudad Automotriz el venezolano Carlos Guillén, quien fue seguido por su compatriota Magglio Ordóñez, el dominicano Plácido Polanco y Kenny Rogers, para acompañar a jóvenes en ascenso como Justin Verlander, Curtis Granderson y Joel Zumaya, entre otros.

El renacer del béisbol en Detroit, bajo la dirección del manager Jim Leyland, el gerente general Dave Dombrowski y el dueño Mike Illitch, ya era completa en el 2006, con el primer banderín de la Liga Americana de los Tigres desde 1984.

"Cuando hablábamos en las negociaciones, Dombrowski me dijo que iba a construir un equipo ganador", relató Rodríguez. "Y básicamente eso es lo que hizo. Después de dos años estuvimos en la Serie Mundial en el 2006, como me dijo Dave. Después de eso, el resto fue historia."

Rodríguez estuvo con los Tigres hasta mediados del 2008, cuando fue cambiado a los Yankees. El puertorriqueño aún le guarda cariño a la organización de Detroit, incluyendo a Illitch, propietario con fama de facilitar los recursos necesarios para formar una escuadra ganadora.

Ahora, después de tanto tiempo, I-Rod quisiera ver premiado el esfuerzo de Illitch, de 83 años.

"Creo que significaría mucho para él", dijo Rodríguez. "Él y su familia son muy deportistas desde hace mucho tiempo y creo que ya es su tiempo.

"Se sentiría muy bien para él y para su familia, debido a todo el trabajo que han hecho desde hace mucho tiempo con su gente (El vicepresidente del equipo, Al) Avila, Dombrowski y todo el mundo en la gerencia. Han trabajado mucho para convertirse en la organización que es la de los Tigres. (Illitch) merece ser campeón."

Rodríguez, futuro Salón de la Fama, fue uno de los mejores receptores en la historia de Grandes Ligas. Su historial individual habla por sí mismo: Jugador Más Valioso de la Liga Americana en 1999, 13 Guantes de Oro, 14 convocaciones al Juego de Estrellas y siete Bates de Plata.

El boricua terminó con promedio de .296 en 21 temporadas, con 311 jonrones y 1332 empujadas.

En Detroit, al igual que Texas, la Florida y sus otras paradas en la Gran Carpa, su legado está asegurado.

"Para mí siempre es un honor volver a la Ciudad Automotriz", dijo Rodríguez. "Fueron buenos años aquí y los fanáticos son increíbles. Respeto la organización, la ciudad."