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02/07/12 4:11 PM EST

Plantean que hacen falta cambios en la S.C.

MEXICO -- Q.E.P.D. la Serie del Caribe.

Quizás todavía no hay que ser tan lapidario, pero la 54ta edición de la Serie que concluye el martes en Santo Domingo dejó en evidencia las reformas urgentes que necesita el torneo que reúne a los campeones de las ligas invernales de béisbol de Puerto Rico, República Dominicana, México y Venezuela.

Para la Confederación de Béisbol del Caribe, la consigna debe ser clara: evolucionar o morir.

La escasa asistencia al estadio Quisqueya --en parte por los elevados precios de las entradas (entre 5 y 70 dólares), en parte por un desinterés generalizado tras una larga serie final de nueve partidos del campeonato local-- debe ser otra señal de alarma para los organizadores del torneo.

Después de todo, se trata de un país donde el béisbol es el deporte rey, una pasión que mueve multitudes en todos los rincones de la isla.

El colmo del absurdo ocurrió el lunes, cuando los dominicanos Leones del Escogido conquistaron sin jugar la cuarta corona en su historia, y con un día restante en el torneo.

Debido al formato de dos vueltas de todos contra todos, vigente desde la creación del torneo hace más de medio siglo, el triunfo a primera hora de Puerto Rico sobre México le dio a República Dominicana su 19no campeonato caribeño. Los Leones jugaron a segunda hora frente Venezuela y perdieron 7-0, pero de todas maneras festejaron ruidosamente como si fueran campeones. Porque lo eran desde hace horas.

"Imagínate, hoy somos campeones con la victoria de otra gente y así no hay ningún tipo de emoción", lamentó Erick Almonte, integrante de los Leones.

¿Raro, no?

Además, apenas unas 6.000 personas presenciaron en el estadio con capacidad para 11.500 la coronación del Escogido, el tercer equipo más popular de República Dominicana detrás de los Tigres del Licey y las Aguilas Cibaeñas.

¿Cuáles son los problemas de la Serie?

 • Hay que empezar por su formato. El todos contra todos, sin una final oficial, significa que el torneo puede definirse fuera del terreno, como ocurrió en esta edición y el año pasado en Mayagüez, Puerto Rico, donde los Yaquis de Obregón (México) se coronaron antes de su último desafío.

Sin duda, esta situación le resta emoción y competitividad a la Serie. ¿Qué motivación tendrán los peloteros al salir al terreno el martes para completar el itinerario, cuando ya todo está decidido? Poca o ninguna. ¿Jugar por el segundo lugar, en un campeonato con apenas cuatro equipos? Mejor descansar o tomárselo suave.

Incluso, el formato deja latente la posibilidad de que hayan equipos empatados en el primer lugar al cierre de la justa, lo que sucedió por última vez en 2003 cuando las Aguilas Cibaeñas y los Indios de Mayagüez tuvieron que disputar un séptimo encuentro de desempate. Aunque en este caso se de una verdadera "final", provoca dolores de cabeza de organización y se presta para la improvisación.

Los dirigentes de la Confederación tienen sobre la mesa desde hace meses una solución: realizar una primera ronda de todos contra todos, luego unas semifinales del primero contra el cuarto y el segundo frente al tercero, y después una gran final entre los ganadores de las semis.

Sólo el comisionado Juan Francisco Puello Herrera podría explicar porqué no se utilizó este formato en Santo Domingo 2012.

 • Cada vez hay menos estrellas. Lejos quedaron los días en los que figuras como David Ortiz, Miguel Cabrera y Roberto Alomar se morían por disputar el torneo. Esto no es culpa de los organizadores, pero la verdad es que cada temporada hay menos estrellas de las mayores en los torneos invernales, y los que participan lo hacen de forma muy limitada y se ausentan de la Serie.

Hay que tomar en cuenta que la Serie usualmente termina a menos de dos semanas de la apertura de los campos de entrenamiento de las mayores.

La Serie podría adelantar sus fechas para que los jugadores tengan más tiempo libre antes de los campos de entrenamiento, y de esta manera se vean motivados a participar en el clásico. Esto requeriría que las ligas invernales terminen antes, ya sea adelantado su inicio o acortando sus temporadas, lo que a su vez provocaría otros problemas.

 • La agonía de la liga puertorriqueña. El béisbol profesional boricua es una especie en peligro de extinción. Su liga lleva años conectada a un respirador artificial, con partidos en los que muchas veces los fanáticos en las gradas se pueden contar con los dedos de las manos. Incluso no participó en la Serie de 2008, por la cancelación de su temporada por problemas económicos.

Puerto Rico, segundo país con más coronas caribeñas (14) después de República Dominicana, no gana la Serie desde 2000, su racha más larga sin un campeonato. Esta sequía el restó brillo a la otrora gran rivalidad deportiva de la región, una chispa que le daba un interés adicional al torneo.

La Confederación debe inyectar sangre nueva con la inclusión de Cuba o incluso Colombia, Panamá o Nicaragua. Cuba, por la calidad excepcional de su campeonato, sería la alternativa ideal, aunque la Confederación y los líderes del torneo cubano --que se juega en fechas distintas al resto del Caribe-- nunca logran ponerse de acuerdo.

Puello Herrera dijo antes del comienzo de esta Serie que viajaría pronto a Cuba para discutir la posibilidad de que la isla dispute el torneo en 2013, que se jugará en Hermosillo, México. Habrá que esperar y ver los resultados de esas negociaciones.

Cabe recordar que Cuba participó en la primera etapa de la Serie y todavía es el tercer país con más trofeos (7), la misma cifra que Venezuela y uno más que México.

 • Falta de identificación. Imagínese que el Real Madrid gane la liga española y luego represente a España en el Mundial de fútbol. Por más que se refuerce con futbolistas de otros clubes, como hacen las novenas en la Serie, ¿lo respaldarían a muerte los fanáticos del Barcelona, Atlético de Madrid u otros equipos rivales?

¿Y si la Serie se realizara en una sede neutral? La Confederación experimentó con esta posibilidad al escenificarla en 1990 y 1991 en Miami, una ciudad con una enorme concentración de latinoamericanos. En aquella ocasión fue un fracaso, pero no estaría mal volver a probar ahora que Miami cuenta con un nuevo estadio en la Pequeña Habana, y que la población latina es aún mayor, especialmente la concentración venezolana.

 • El Clásico Mundial de Béisbol. Si los aficionados quieren ver verdaderas selecciones de sus países, ahí está el torneo organizado por Grandes Ligas, con la participación de todas las estrellas que llenan estadios y generan audiencia de televisión.

Los dirigentes de la Confederación sin duda saben de estos problemas, a menos que vivan en otro planeta o estén ajenos a la realidad. Tal vez están cegados por el dinero de la televisión, lo único que mantiene a flote la Serie.

¿Qué pasará si se cansan de transmitir partidos con gradas vacías y poco atractivo para los televidentes?

Este artículo no estuvo sujeto a la aprobación del Major League Baseball ni sus equipos.


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