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12/20/12 3:24 PM ET

Núñez: Una fórmula añeja da otro título a S.F.

NUEVA YORK -- Todo transcurrió en un parpadeo, una conclusión tan rotunda para dejar atónito a cualquiera y que demostró que prenderse en una buena racha durante el mes de octubre en el béisbol de Grandes Ligas es la mejor de las dichas.

Fíjense en los Gigantes de San Francisco, campeones de la Serie Mundial por segunda vez en tres años.

Los Gigantes llegaron a estar 2-0 abajo ante los Rojos de Cincinnati en la primera ronda de los playoffs y luego se encontraron contra la pared 3-1 frente a los Cardenales de San Luis en la serie de campeonato de la Liga Nacional.

Al borde del precipicio, persignándose a un pitcher como Barry Zito que había tocado tan a fondo en su espiral negativa que fue descartado del roster de postemporada que se consagró hace dos años, San Francisco no paró de ganar.

Pasaron la escoba al final, imponiéndose en sus últimos siete juegos del año en los que solo una vez se vieron por detrás en el marcador. Sus lanzadores abridores tuvieron 0.99 de efectividad en ese espacio.

Tan encendidos llegaron al Clásico de Otoño que tumbaron a los Tigres de Detroit, abrumadores favoritos, en cuatro duelos que asemejaron un placentero trámite hasta el momento en el que Sergio Romo le pasó un strike cantado a Miguel Cabrera para el último out.

¿Qué fue lo que les encendió? Se dice que fue el apasionado discurso que el jardinero Hunter Pence dio previo al tercer partido de la serie contra los Rojos, imitado jocosamente por sus compañeros en el vídeo conmemorativo de la Serie Mundial.

"No me quiero ir a casa aún". Esa fue, esencialmente, la consigna que les dio Pence.

El grado de cohesión en su seno fue tan armonioso que ni el golpe que recibieron al perder a Melky Cabrera, el Más Valioso del Juego de Estrellas, al ser suspendido tras dar positivo por dopaje pudo descarrilar su rumbo.

Tampoco se inmutaron cuando los Dodgers, sus rivales de división, se imbuyeron en un frenesí de fichajes (Hanley Ramírez, Adrián González y Josh Beckett, entro otros) tras completarse la venta de la franquicia.

Por enésima vez, se confirmó que los golpes mediáticos que causan las grandes adquisiciones no aseguran títulos, de lo cual pueden atestiguar los Marlins de Miami o los Angelinos de Los Angeles tras quedarse fuera de los playoffs luego de ser coronados reyes del invierno.

Los Gigantes, en cambio, engranaron y fueron imparables. En Baltimore y Oakland, con sus inesperadas apariciones en la postemporada, también presumir de lo mismo. En un nuevo estadio, el proyecto de Miami se derrumbó tal cual con un humillante último lugar, el piloto Ozzie Guillén fue despedido y la gerencia no titubeó en traspasar a las tres estrellas que habían adquirido unos meses antes (José Reyes, Mark Buehrle y Heath Bell).

En un equipo con una amalgama de actores y personalidades de toda índole, que irradiaban un entusiasmo contagioso, la figura de su regordete tercera base venezolano Pablo Sandoval sobresalió por encima al marcar el compás en la Serie Mundial al disparar tres jonrones en el primer juego, dos ante el as de los Tigres Justin Verlander.

Sandoval se convirtió en el cuarto hombre en la historia (Babe Ruth, Reggie Jackson y Albert Pujols fueron los otros) en sacudir tres jonrones en un mismo juego de Serie Mundial y terminó con promedio de .500 para ser laureado como el Más Valioso.

Esta vez, el "Kung Fu Panda" se sintió participante activo de la conquista en vez del papel secundario que tuvo en 2010 tras un declive de su producción ofensiva que fue atribuido al exceso de peso.

"Sé que fue un momento duro en 2010 cuando fue relegado a la banca", dijo el mánager de los Gigantes Bruce Bochy. "Quería brillar en este escenario. Tiene un talento enorme y se encendió en el momento justo y nosotros lo necesitábamos".

Sandoval no iba a desperdiciar la oportunidad y lo disfrutó como nadie: "En 2010, fui parte del equipo, pero no pude jugar mucho. Disfruto mis momentos. Nunca se sabe cuando tendrás otra ocasión".

Más llamativo es que atraparon el título con un plantel muy diferente al de hace dos años. El receptor Buster Posey, quien fue declarado como el Más Valioso de la Liga Nacional, fue el único jugador de posición que estuvo en la alineación del decisivo quinto juego en Texas en 2010 que participó en el cierre de la barrida ante los Tigres en el Comerica Park.

El triunfo de los Gigantes obedeció a una fórmula añeja: pitcheo abridor hermético complementado con un relevo dominante, buena defensa y bateo oportuno.

Tampoco está de más de tener una pizca de buena suerte y reforzarse a mitad de año con jugadores como el segunda base venezolano Marco Scutaro, quien a sus 37 años fue una bujía esencial para la recta final.

Scutaro y Sandoval formaron parte de un pelotón de nueve venezolanos en la Serie Mundial, una cifra récord dentro de un año majestuoso para el país sudamericano en Grandes Ligas que incluyó también el juego sin hits lanzado por Johan Santana y el perfecto de Félix Hernández.

Pero el gran baluarte fue Cabrera, coronado con la primera Triple Corona de bateo al encabezar las categorías de promedio, jonrones y carreras impulsadas.

Desde Carl Yastrzemski en 1967, nadie había conseguido completar la trilogía y ello le sirvió para erigirse como el primer pelotero de Venezuela en ser laureado como un premio al Más Valioso, en su caso el de la Liga Americana, al superar a Mike Trout de los Angelinos, tras un caldeado debate que enfrentó los puntos de vista de los que favorecen las estadísticas tradicionales (a favor de Cabrera) versus la sabermetría (a favor de Trout).

Cabrera y Sandoval juegan en la antesala, pero en 2013 uno de los dos sacrificará la posición cuando salgan con Venezuela al disputarse en marzo la tercera edición del Clásico Mundial, en el que Japón buscará un tricampeonato.

También será un año en el que la supremacía eterna de los Yanquis de Nueva York en el Este de la Americana es desafiada por toda clase de oponentes, amén que la edad avanzada de sus históricos (Mariano Rivera), lesiones (Derek Jeter y Alex Rodríguez) y hasta límites financieros (buscan rebajas para tapar huecos en la antesala y receptoría) conspiran en su contra.

Este artículo no estuvo sujeto a la aprobación del Major League Baseball ni sus equipos.


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